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 Estación de Linares-Paseo de Linarejos
Detalle de la fachada y marquesina, lado vías, de la estación de Linares-Paseo de Linarejos Vista desde el lado de las toperas finales del edificio de la estación Vista desde el lado Vadollano del edificio de viajeros. Restos de un coche del antiguo tranvía minero, situados junto al edificio de la estación Antiguo muelle de mercancías, restaurado y convertido hoy en Centro de Interpretación del Paisaje Minero
Medallón con el logotipo de MZA situado en la fachada principal de la estación. Los restos del antiguo depósito de locomotoras. La explanada de la estación, hoy convertida en recinto ferial. En este enclave se ha creado un portal de acceso singular, usando la recreación de dos cabrias mineras para testimoniar el pasado de la ciudad Fachada principal de la estación, lado ciudad, hoy convertida en dependencias municipales.
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Linares atesora un pasado minero que se remonta a tiempos muy pretéritos. La minería industrializada del siglo XIX, con la llegada de capitales foráneos, puso a todo el término de Linares patas arriba, apareciendo cabrias casi en cualquier puntos del terreno. Esas cabrias, que es como en la zona se conocen a los castilletes donde se apoyaban los ascensores de las minas, tachonaba un paisaje rural que, en paralelo, se fue colonizando de railes, de varios anchos, que acarreaban mineral hacia otros destinos y, llevaban o traían mineros desde sus casas hasta los pozos. Y en Linares confluyeron nada menos que tres compañías de vía ancha: MZA, Andaluces y Sur de España. Cada una se construyó su terminal propia en una punta de la ciudad: Sur la de San José, al este, Andaluces la de Zarzuela, al oeste, y MZA la de Linarejos, al noreste. La de Zarzuela pasó a mejor vida y de la de San José han llegado in extremis a nuestros días los muros de la fachada. Pero la de Linarejos si que ha conservado toda su prestancia de sus mejores tiempos. Y si bien los trenes llegaron a este enclave en 1879, lo cierto es que esta esplendorosa estación, dotada de una esbelta marquesina, fue construida varias décadas más tarde, en los años 20 del pasado siglo.

Su interior ha sido acondicionado por el ayuntamiento como sede de varias dependencias municipales. Los ferroviarios han sido suplidos por funcionarios y aunque el logotipo de MZA sigua presidiendo su fachada pocos trenes se pueden ver por aquí. Junto al edificio se han instalado los destartalados restos de un coche del tranvía minero de ancho métrico, clamando por una restauración. Y en lo que antaño fuera la extensa playa de vías de la estación un buen tomo de tierra las ha sepultado yu sobre el se instala el ferial local. Ya sólo el tren de la bruja es que el circula en esta explanada, en un bucle infinito sobre si mismo y con una peculiar plantilla ferroviaria con grotescas máscaras y armados de escobas que sacuden a los viajeros.

Linarejos, conocida oficialmente como Linares-Paseo de Linarejos, o como la “Estación de Madrid” para los linarenses, era el término de un ramal que ascendía desde la línea general Madrid-Andalucía, de la cual se desgajaba en la estación de Vadollano, situada unos ocho kilómetros más abajo. En esta estación recalaban algunos trenes de viajeros procedentes de Madrid, de ahí el nombre, pero su principal misión fue organizar los trenes que desde aquí recorría el ramal minero de Los Salidos. Esta línea de ancho ibérico de MZA describía un amplio arco por el norte del municipio linarense, llegando a diversos pozos mineros, Los dos trazados, el de Vadollano y el de Los Salidos, confluían en la estación, en forma de “Y”, y en aquella amplia playa, hoy ferial, se formaban los trenes cargados de plomo hacia los puertos. De aquello poco queda, pero uno de los grandes muelles cerrados de la estación se ha conservado como Centro de Interpretación del Paisaje Minero. Y también es posible recorrer algunos de estos trazados, recuperados hoy como vías verdes, para recrear aquella memoria de los trenes mineros.

Miguel Jiménez Email
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