Publicaciones:  Reseńa bibliográfica


Monografía histórica de Javier Aguado

La veterana colección editorial “Monografías del Ferrocarril”, especializada en la historia del ferrocarril español, ha publicado un nuevo trabajo, una obra de Javier Aguado Martin que desgrana el fallido proceso de implantar un sistema tranviario en el municipio madrileño de El Escorial. En el mismo libro presenta al Funicular de Cuelgamuros, el único funicular del centro peninsular


Tranvías y funiculares de El Escorial
 
 
 

(08/10/2010)  Javier Aguado es un apasionado del ferrocarril que, con éste, ha puesto a disposición de los lectores dos trabajos de investigación. Y si el primero se centró en desgranar la misteriosa existencia del ferrocarril de Villalba a El Berrocal, en este nuevo trabajo se enfrentó a un reto aún más ambicioso: analizar la historia no ya de un ferrocarril, sino la de un tranvía que, para complicar aún más las cosas, jamás llegó a entrar en servicio.

El trabajo se ha centrado en desgranar el farragoso, complejo y, finalmente, fallido proceso de construir un tranvía desde la estación de ferrocarril de El Escorial hasta el Real Sitio de San Lorenzo del Escorial. De las 143 páginas totales de la obra, 108 se centran en el análisis histórico de este proyecto tranviario y los proyectos que le iban vinculados, ya fuera la construcción de un funicular conectado al tranvía que subiera hasta la cumbre del Monte Abantos, o de un posterior, e igualmente fallido, proyecto de línea de trolebús con un recorrido muy similar al del tranvía. 

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Uno de los escasos tramos supervivientes de aquel tranvía

Javier Aguado, que ha realizado una exhaustiva investigación en archivos (sobre todo el General de la Administración y el municipal de San Lorenzo), el BOE, revistas técnicas y hemerotecas, para desentrañar la historia de la línea. Este proyecto tranviario, según cuenta Aguado, tuvo sensibles paralelismos con la barcelonesa línea del Tranvía del Tibidabo, que ligaba unas infraestructuras de transportes, como eran un tranvía y un funicular, con una operación urbanística de cierta escala en el primer tercio del siglo pasado, con incluso un parque de atracciones.

La Sociedad Abantos, promotora de todo este proyecto urbanístico y ferroviario, llegó a construir toda la infraestructura y comprar parte del parque móvil. Y, aunque pueda parecer sorprendente a los ojos de un lector actual, el proyecto fracasó, al menos aparentemente, porque no se pudo garantizar el suministro eléctrico necesario para la puesta en marcha del servicio.

No se llegó a construir el teleférico, pero si los talleres y las oficinas del ferrocarril, así como toda la vía y su alimentación eléctrica. El proyecto fue abandonado definitivamente poco antes de la Guerra Civil, y las vías y tendido fueron desmanteladas casi en su totalidad, sobreviviendo sólo unos pocos metros de carril en algunas calles del Real Sitio. Los vehículos construidos terminaron sus vías como una “rara avis” de la red tranviaria zaragozana.

El autor completa su obra con la presentación, además del también fallido proyecto de red de trolebuses, con un breve acercamiento a cercano funicular de Cuelgamuros, que trepa a la base de la cruz que preside la basílica del Valle de los Caídos. Este moderno funicular está situado en el municipio escurialense y ha querido ser tratado, aunque sea someramente, por el autor. 

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Plano elaborado por el autor que muestra el itinerario construido para este tranvía


Apoyos gráficos y documentales. 

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Vehículo fabricado para el tranvía de El Escorial

La obra tiene un importante apoyo gráfico en el que, teniendo en cuenta que la línea nunca llegó a entrar en servicio, hay poquísimas referencias gráficas del momento. Hay mucha información planimétrica del trazado, con plantas y perfiles del trazado construido y de los edificios de servicio. También hay abundante información de proyecto de los tranvías construidos al efecto por Carde y Escoriaza, así como imágenes de éstos tanto en la fábrica como en su vida en servicio en la red tranviaria de Zaragoza.

El trabajo incluye también numerosos facsimilles de documentos generados en la procelosa historia del tranvía que dan fe de los datos aportados por el autor. Es, en suma, una atractiva obra sobre un raro proyecto de transporte público español, apenas conocido por unas fotos de fábrica de sus vehículos, luciendo el rótulo de “Abantos SA” y unos no menos misteriosos retazos de carriles embebidos en el granito de las calles de San Lorenzo de El Escorial.