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Para inaugurar un tramo de la línea Palencia-La Coruña e iniciar un periplo por Francia

El 31 de agosto de 1883 sus majestades don Alfonso XII y doña María Cristina salieron de Madrid para iniciar un periplo ferroviario que les llevaría a la inauguración de la línea férrea directa de Palencia a La Coruña y que culminaría en la estación de Hendaya donde el Rey inició su viaje a Francia.


(08/12/2006) Viaje

El viaje que comenzaba en la estación de Príncipe Pío de Madrid el 31 de agosto tenía como primer objetivo la inauguración oficial de la línea directa de Palencia a La Coruña, incluida la sección del Toral a Oural y fue objeto de atención preferente en la prensa de la época.
En todas la estaciones del trayecto se prepararon recibimientos llenos de “respetuoso entusiasmo” y muy especialmente en Monforte de Lemos, centro de la nueva sección y lugar elegido para celebrar el acto central de la inauguración.
La localidad lucense, “lindísima villa y cabeza del pintoresco y poblado valle de su nombre” en las márgenes” del río Cabe, se asienta “sobre graciosa colina, ceñida por viejos muros y dominada por histórico y ruinoso castillo; su Iglesia parroquial de San Vicente del Pino, antiguo convento de benedictinos, es una excelente construcción, y muy notable el profundo aljibe que en ella existe, desde época remota, abierto con barrenos y a pico en la dura roca; su casa del Ayuntamiento es el antiguo convento de San Juan de Dios” y contó con un famoso Colegio de Humanidades dirigido por “doctos miembros dela Compañía de Jesús”.
En la estación de la localidad, “ancha sala elegantemente decorada”, tuvo lugar el banquete inaugural de la línea que presidieron Sus Majestades y a cuyos postres el presidente del Consejo de Administración de la Compañía de los Ferrocarriles del Noroeste, señor Donon, “pronunció un entusiasta brindis por la prosperidad de España”.
Asimismo se felicitó por el éxito de todos los esfuerzos hechos por la Compañía concesionaria, y prometió “el cumplimiento fiel y exacto de los compromisos legales adquiridos, hasta la perfecta conclusión de todas las líneas que comprende la concesión oficial”.
Como contestación el Rey agradeció la señor Donon, “capitalista francés, por las patrióticas frases pronunciadas al reseñar los sacrificios impuestos la Compañía, y la traer a la memoria los trabajos realizados para dotar a la región gallega de vías férreas, que entrañan nuevos veneros de riqueza la Comercio, la Agricultura y a la Industria nacional”.
Con las heridas de la Guerra Carlista abiertas, resaltó también en su discurso el soberano que, como ya había dicho horas antes en Carril, Santiago y La Coruña, ahora se emprendía “la campaña de la paz, donde no se cosechan los triunfos ruidosos de las victorias y los laureles de las ramas vencedoras, sino los beneficios que producen la paz, el progreso y el trabajo impuesto por Dios al hombre, para engrandecer los pueblos y para estimular más y más a los amantes de la patria”.
“Acabáis de oír el silbido de la locomotora, que abre paso al anhelado desarrollo de nuestra prosperidad, debido principalmente a los capitales de una nación amiga, con la cual lucharemos, valiéndonos de las ramas del trabajo inteligente, y en el mismo terreno, vencedores y vencidos, caminaremos unidos por la vía dela civilización y el progreso”.
Con un brindis en francés por la cordial relación entre España y Francia, terminó el discurso de Alfonso XII y comenzó la visita a las obras más notable de la nueva sección del Toral a Oural, entre ellas el puente del “estrecho de Cobas”, situado en el kilómetro 274 y “el puente y viaducto de Linares”.

Vía marítima

Terminados los actos, los Reyes llegaron a La Coruña en la tarde del día uno y fueron recibidos por una muchedumbre que llenaba cales y balcones y con salvas de artillería lanzadas por los fuertes de la ciudad y los buques de la escuadra, surta en el puerto.
Viaje Tras un Te Deum en la Iglesia de San Jorge, los reyes se hospedaron el Palacio de la Diputación, y al día siguiente embarcaron en la falúa real y visitaron, acompañados por el ministro de Marina, la escuadra situada frente al castillo de San Antón y formada por las fragatas Vitoria, Numancia, Lealtad y Carmen y por el cañonero Paz.
Ya en los buques de guerra el rey dispuso que el comandante de la Vitoria diera la orden de zafarrancho de combate y “en breves momentos la oficialidad y la marinería del barco ejecutaron las maniobras y ejercicios correspondientes, con precisión y soltura, demostrando el brillante estado de instrucción y disciplina de las dotaciones de los buques de guerra”.
De La Coruña partirían los Reyes a su destino en San Sebastián por vía marítima, y el día cinco de septiembre “a las once y media de la mañana” llagaba a la estación de Hendaya, primer pueblo francés de la línea férrea Madrid-París, el tren que conducía a S.S.M.M. los reyes de España”.
En el andén formaban dos secciones de “infantería de línea y de gendarmes y la tripulación de un cañonero fondeado en el Bidasoa, las cuales presentaron armas.” En representación del gobierno francés estaban en la estación un delegado especial del presidente de la República y el capitán general, el prefecto y el subprefecto del departamento de Bajos Pirineos y otras autoridades locales.
“Además de las delegaciones oficiales esperaba a los monarcas en la estación “toda la colonia balnearia española de los puertos cercanos, presidida por los generales Concha y Reina, y a la cual se agregaron muchos distinguidos políticos y funcionarios del Estado que acompañaban desde San Sebastián a Sus Majestades”.
Hendaya era el punto en el que se produciría la separación entre el Rey y la Reina tras un viaje que según las crónicas habían hecho juntos “con toda felicidad”, de Madrid a La Coruña y de La Coruña a San Sebastián.
Pero antes de esa separación en un gabinete reservado de la propia estación, fue servido un almuerzo en el que “tuvieron el honor de sentarse a la mesa de los Reyes las primeras autoridades francesas del departamento”.
Por fin, a la una y media, “se verificó la afectuosa despedida y separación de S.S.M.M., subiendo el rey al tren expréss de París, y regresando poco después la reina en el expréss de España, a san Sebastián, para seguir inmediatamente hasta el Real Sitio de San Ildefonso, al lado de sus tiernas hijas”.