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(08/06/2004) 

La catástrofe del Puente de Alcudia


“La Ilustración Española y Americana”, la revista gráfica por excelencia de la época, recogía ya en su edición del 30 de abril de 1884 las primeras informaciones sobre el suceso y dudaba de la autoría de los hechos en su sección “Crónica General”:

“No queremos ni debemos, por los confusos informes recibidos hasta ayer, culpar a la política, ni aún a un crimen individual, como hacen otros colegas, por la catástrofe espantosa ocurrida en la línea de Ciudad Real, entre Almadenejos y Chillón; nos referimos al hundimiento del puente de Alcudia, al pasar sobre él un tren mixto de viajeros. ¿Cómo ocurrió aquello? Es un misterio todavía. Nuestro dibujante ha salido para el sitio de la desgracia...”

Cinco días después de los hechos se había rescatado 50 cadáveres del río y se pensaba que muchos otros habrían sido arrastrados por la corriente, lo que no evitaba que el redactor de la noticia afirmase que “...la catástrofe de Alcudia es la mayor que ha ocurrido en las líneas férreas españolas y puede competir en horror con las más enormes que registra la historia de los descarrilamientos de los ferrocarriles extranjeros...”
Los cortes en los postes de telégrafos y el transporte de caudales por la línea en aquellos días apuntaban a un caso de delincuencia común, pero del lado de los de que culpaban “a la política” del suceso estaba el hecho de la “turbación del orden público en otras localidades” que las inmediatas elecciones habían venido provocando.
Esa primera crónica de urgencia acababa con un llamamiento a la cordura y una exigencia de investigación y responsabilidades: “ No hay razones, conocidas al menos, para culpar a nadie todavía... y en esta duda debemos honradamente abstenernos de juzgar hasta estar bien informados... Toda la prensa pide que se aclaren los hechos con minuciosa inspección facultativa, y que, ya sea negligencia del servicio, ya un crimen ordinario o político, se exija en lo posible tan tremenda responsabilidad a quien la tuviere, como ha sido tremenda la catástrofe”
En el número siguiente, de 8 de mayo, y ya con ilustraciones – “...la Dirección de este periódico al comprender la extensión de tan doloroso y extraordinario acontecimiento, y siempre consecuente con sus tradiciones, apresurose a comisionar a uno de nuestros colaboradores artísticos, Manuel Alcázar, para que hiciera sobre el terreno la crónica ilustrada del horrible siniestro...”- “La Ilustración” detallaba en una crónica los hechos y sus consecuencias si bien la autoría siguió sin aclararse.

“... No hemos de repetir noticias divulgadas ya por la prensa diaria en cumplimiento de su misión, ni nos toca hacernos cargo de las diversas apreciaciones que circulan, exageradas por la pasión política, sobre las causas de la catástrofe: nuestro objeto, más sencillo, se reduce a explicar ese grabado, a consignar aquí las impresiones de nuestro compañero Alcázar y los detalles nuevos e interesantes que como testigo presencial nos ha referido...”

La crónica era esta:

“...Hacia la mitad del curso del Alcudia (...) estaba el puente derrumbado, obra de fábrica, de gruesos estribos y pilas, y tres tramos metálicos de regular extensión, que fue inaugurada en 1864.”

“Eran a aproximadamente las cuatro de la madrugada del 27 de abril último, cuando ocurrió el derrumbamiento del puente y el tren: la máquina y el ténder llegaron hasta el tercer tramo, precipitándose aquella en el fondo del río; el ténder se hizo pedazos en la segunda pila del puente; dos coches de tercera clase y las jaulas de ganado cayeron detrás, y fueron cubiertas por las aguas; otros cinco carruajes, dos de primera y segunda clase y tres de tercera, cayeron también, amontonados unos sobre otros, entre el estribo del puente y la primera pila, únicamente el furgón de cola quedó en la línea férrea, por haberse roto las cadenas que le unían al coche inmediato...”

“...Conocidas son las tristes consecuencias de la catástrofe: según parte oficial del gobernador de la provincia de Ciudad Real, el número exacto de los viajeros muertos asciende a 59, contándose entre éstos 54 soldados del regimiento infantería de Castilla y tres del de Granada, y además dos paisanos, y el de los heridos a 56, entre ellos dos graves, que fueron transportados al hospital de Almadén y otros 25 acogidos caritativamente en Almadenejos...”

“... El primer pueblo que acudió con socorros eficaces fue Almadén, donde se supo la catástrofe a las siete y media de la mañana; la única persona valerosa, caritativa, infatigable, ha sido el honrado y modesto comerciante de dicho pueblo D, Eduardo Hervás (...) el sólo ha entrado cien veces en el lecho del río, en los wagones cubiertos por el agua, (...) y con heroísmo sin ejemplo ha extraído hasta 52 cadáveres que unos llevaba en sus brazos a la orilla, y a otros les ataba con un cable para que sus amigos y paisanos les remolcasen.”

“...Los socorros del pueblo de Almadén fueron también eficacísimos, y merecen elogios el digno alcalde la ilustre villa y el juez de primera instancia (cuyos nombres sentimos ignorar) los médicos Sres. Cabanillas, Donoso, Sainz y Alcaraz, y los numerosos vecinos que les acompañaron y ayudaron en su empresa.”

“Los cadáveres de tantos infelices recibieron sepultura cristiana, bendecida por el clero de Almadenejos, en las cercanías del malhadado puente, y una cruz de piedra anunciará en lo sucesivo a los viajeros el lugar de la tremenda catástrofe.”

“Dícese que las pérdidas de la Empresa ascienden a 50.000 duros; pero ¿qué vale ese puñado de oro al lado de 59 cadáveres?”.