Historia:  Contenidos de la hemeroteca



(20/12/2003)  

El histórico enclavamiento hidráulico de Algodor, a pleno rendimiento en el Museo de Delicias de Madrid

Tras setenta años de funcionamiento, el enclavamiento hidráulico de Algodor se ha trasladado al Museo de Delicias de Madrid, donde ha sido restaurado y ahora puede ser contemplado por el público. Junto al enclavamiento se ha instalado un puente de señales, que permite ver el funcionamiento de esta instalación. Se completa esta actuación de rescate, con la publicación de un libro divulgativo sobre las características de este enclavamiento y su historia.
Este enclavamiento, que data del año 1927 y fue puesto en servicio por MZA,replica watches constituyó un hito en la tecnología de su época y ha estado en servicio más de setenta años, ya que se sustituyó por un enclavamiento electrónico en julio del 2000.
Inaugurado para dar servicio a las líneas de Toledo a Castillejo y de Madrid a Ciudad Real, el enclavamiento constaba de 110 palancas, 70 para accionamiento de señales y 40 para cambios de aguja.

Rescate

La UN de Mantenimiento de Infraestructura de Renfe ha sido la promotora de su rescate y la encargada de todos los trabajos de desmontaje, traslado, construcción de un nuevo edificio, instalación y puesta en servicio. Así las palancas, puentes de señales, señales mecánicas, accionamientos, equipos de presión, aparato central de llaves y griferías, motores, contrapesos y los 15 kilómetros de tuberías con que contaba la instalación, son las piezas originales que se han vuelto a poner en servicio para que los visitantes puedan realizar los movimientos oportunos de apertura de señales de salida y señal direccional, así como los movimientos de accionamiento de agujas.
Todo ello se ha montado en un nuevo edificio de dos plantas réplica exacta de la caseta del enclavamiento, que existía en Algodor. En la planta alta se ha colocado la mesa de palancas, mientras que en la baja se ha ubicado el aparato central del enclavamiento y el equipo motor para la elevación de contrapesos, que están situados en el exterior del edificio y que son los que dan presión al circuito hidráulico de la instalación.
En este espacio se ha recreado lo que en esencia era un lugar de trabajo, con un pequeño taller donde se pueden ver algunas de las herramientas empleadas para los trabajos de mantenimiento y reparación de la instalación.
El edificio tiene una serie de ventanales en el frente y laterales que permiten al visitante ver la indicación de las señales desde la mesa de concentración de palancas, ya que junto a esta caseta se ha instalado uno de los puentes de señales originales, de forma que el visitante puede visualizar el movimiento de señales según acciona las palancas, tal como el guardagujas hiciera en la propia estación de Algodor.
Se complementa esta visita “viva” a la instalación, con una serie de paneles en los que se explica qué es un enclavamiento, cómo funciona, la circulación de los trenes en las estaciones, así como las características del propio enclavamiento de Algodor y la historia ferroviaria de esta localidad y sus trabajadores.

Estación y poblado ferroviario

Algodor nació en 1858 como un sencillo enclave ferroviario, situado en el extremo sur de Madrid, que disponía de un solo edificio de viajeros. En 1879 se fraguó la unión entre la línea Castillejo y Toledo y la recién inaugurada entre Madrid y Ciudad Real y Badajoz. Esto hizo que poco a poco en torno a la estación se fueran construyendo edificios de servicio ferroviario y, posteriormente a partir de 1921 se levantaran ya viviendas para el personal: Se creó así un poblado ferroviario, donde antes no existía ninguna población, que disponía de los servicios esenciales como tienda de comestibles, escuela o capilla.
La importancia de Algodor obligó asimismo a la construcción de un nuevo edificio, que se proyectó en 1926 con el mismo estilo mudéjar que ya tenía la estación de Toledo. Este edificio de ladrillo que incorporó elementos de cerámica en los laterales, es una de las joyas de la arquitectura ferroviaria española, que ha sido elegido en numerosas ocasiones como escenario cinematográfico.

Un legado para la historia

El libro “El enclavamiento hidráulico de Algodor, un legado para la historia” es una obra colectiva que nos acerca a la historia del enclavamiento de Algodor y su entorno ferroviario. Así, en primer lugar introduce al lector en la historia técnica de los enclavamientos desde el primer sistema Vignier de 1855 hasta los sistemas actuales SSI de Dimetronic o ESS/VPI de Alstom, pasando por los distintos modelos de enclavamientos mecánicos, electromecánicos accionados por sistemas alámbricos, hidráulicos o eléctricos. A continuación se trata la historia del propio enclavamiento de Algodor, de las líneas a las que daba servicio, así como de la población de Algodor, nacida en torno al ferrocarril y su estación. El libro recoge también los trabajos realizados para recuperar este enclavamiento. Los autores de los diversos capítulos son Inmaculada Aguilar, Rafael Machuca y Miguel F. Soler, Francisco Cayón, Miguel Muñoz, Rafael González, Miguel Jiménez, Francisco Polo y Gonzalo Garcival.